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Mi Cruce. Catalina Channel

Soy Paco, tengo 43 años y estoy a punto de llegar a los 44, hoy 16 de agosto del 2019, a 7 días de haber realizado mi nado en aguas abiertas, y todo empezó por una idea loca de mi amigo Humberto Valdes (gran nutriólogo y sobre todo un gran amigo) en el año 2017 que me invito a nadar "El Cruce" de Cancún a Isla Mujeres y desde ahí empezó esta tremenda locura de nadar en aguas abiertas y hacer a un lado la alberca, me introduje de lleno en los entrenamientos y así en 2018 completé el reto de 22k en Acapulco y otros de menor distancia. Poco después tuve la oportunidad de conocer a quien considero uno de los mejores nadadores de aguas abiertas en el mundo y orgullosamente mexicano Antonio Argüelles, lo escuché durante una conferencia el año pasado hablando sobre su hazaña de completar a nado la difícil prueba de los 7 mares; fue tan motivador e inspirador que inmediatamente pensé: "yo voy a hacer por lo menos uno de esos cruces algún día" (creo que también lo dije en voz alta, así que ya no había marcha atrás).

Para enero de este año tenía ya mi objetivo fijado: el "Canal de Catalina" una de las tres pruebas de la Triple Corona de nado en aguas abiertas.

Después de meses de entrenamiento, y requisitos cumplidos, llegó el momento y como dice el dicho, "no hay fecha que no se llegue y plazo que no se cumpla".


Por la tarde del día 08 de agosto todo comenzó. Llegué a las 19:00 hrs. al Puerto de San Pablo ahí nos esperaba la embarcación de nombre Pacific Star, comandado por el capitán David y su tripulación, a mí me acompañaba mi gran entrenadora Patty Kohlmann (coach, gracias por tus enseñanzas y sobre todo por no dejarme caer en el momento más difícil del cruce), mi hermano Ricardo (krnal como nos decimos, gracias... siempre has sido un gran apoyo en mi vida y hoy no fue la excepción) y la mujer que amo, Claudia (gracias amor por todo lo que haces en estas locuras mías).

Salimos del puerto a las 21:15 hrs. de la noche y el mar parecía enojado, como diciéndome: ¿Seguro que quieres nadar? La embarcación se movía muy fuerte y las olas golpeaban cada vez más. En ese momento no imagine lo que me esperaba yo iba concentrado en mi nado y también en la locura que estaba por empezar pero para la cual me había entrenado durante 7 meses. Luego de dos horas de navegar para llegar al punto de salida el barco se detuvo y el capitán le avisa a mi coach que había llegado la hora de prepararme para entrar al agua. Los nervios me empezaron atacar y más debido a mi falta de costumbre en embarcaciones y al movimiento que me tenía muy mareado y a punto de volver el estómago, pero como buen macho y valiente mexicano no podía decirle eso a mi entrenadora, jajaja.

Se acercó a mí el observador de nado Donald (un gran ser humano) para decirme que la embarcación no podía llegar a tierra por cuestiones de seguridad, entonces había que nadar 300 metros hacia la playa de la Isla de Catalina. Para entonces ya eran las 23:40 hrs., la obscuridad era tanta que sabía que en el agua no vería más allá de mi nariz.

Vi a Dan, el líder kayakista del grupo tirarse al gua y lo escuché decirme "Go Paco! ya es hora". Luego de ese escalofrío que te recorre el cuerpo cuando estás a punto de iniciar una aventura, me lancé al agua a nadar esos 300 metros para llegar a la orilla y empezar mi travesía.

Para que empiece a contar el cruce y la prueba sea oficial, el nadador de estar en tierra, sin tocar aún el agua, subir el brazo derecho para dar la señal de estar listo y al bajarlo empieza la prueba y el cronometro se activa. Mi nado comenzó a las 23:51 hrs. del 08 de agosto, a solo unos minutos de empezar el nuevo día. El termómetro marcó 20ºC casi llegando a los 21ºC, y durante las primeras brazadas por mi mente pasó la idea: "creo que este cruce será pan comido a esta temperatura y con el agua así como está no estará complicada porque me entrene para estas condiciones", fue así que la primera hora nadé poco más de 4 kilómetros. Pero aún seguía mareado después del trayecto en la embarcación y antes de cumplir las primeras dos horas de nado, tuve mi primer conato para volver el estómago, no lo hice pero la sensación era molesta. Poco después sentí el mar más tranquilo, se me pasó el mareo y seguí mi nado, pensando que todo iba a ir mejor.

Pero ¡oh sorpresa! El mar y la naturaleza no tienen palabra, el clima empezó a cambiar por completo, de templado pasó a frío, empezó a hacer mucho viento y la niebla nos cubrió, por lo tanto el mar se empezó a poner más difícil y las olas eran cada vez más altas, pero eso no me asustó, ya había nadado en esas condiciones.

La alimentación era la de siempre mi avena y arroz con miel, mi súper carga con gatorade y mi buena mezcla de galleta con mermelada de fresa y uno que otro roll de canela; todo esto me lo iba pasando Dan, el kayakista y él mismo decía que sería un nado fácil y rápido. Cuando llegamos a las 4 horas con 30 minutos en una de mis paradas para comer, volteé hacia la embarcación y solo ví a Patty mi coach y a mi hermano, me molestó un poco no ver a Claudia, mi novia. Grité preguntando donde estaba; me dijeron que solo había entrado a descansar un poco. Solo esperaba que estuviera despierta a mi llegada...

Fueron mis primeros gritos de una desesperación que más adelante se agudizaría; pero todo seguía tal como estaba planeado, pasaban los kilómetros de nado y según lo predicho todo iba bien, la comida, el ritmo de nado, el mar acelerado, las olas altas y continuas, pero así estaba programado.

Pasando las 7 horas de nado, un grupo de delfines se unió a mi aventura, mis acompañantes dicen que era un grupo grande de aproximadamente 25 delfines, yo solo los escuchaba bajo el agua y en algún momento creo haberlos sentido muy cerca y hasta rozarme el pie derecho... me concentré en seguir y no asustarme ya que sabía que si tan siquiera tocaba el kayac para sostenerme o tratar de alejarme de ellos sería descalificado.

Para entonces ya estaba amaneciendo y la temperatura continuaba bajando, el sol no aparecía parecía dormido y sin ganas de salir; fue entonces que empecé a sentir el frío brazada tras brazada.

En mi siguiente parada a comer empecé a desconcentrarme, el clima y la falta del sol en el cielo me hacían pensar que la sensación de malestar en el cuerpo por el frío solo iba a ir en aumento. A pesar de las palabras de Alain otro de mis kayakistas quien trataba de enfocarme en mi nado.

Yo, le pedía al sol que saliera y calentara un poco el mar, pero nada de eso pasó. Luego de 9 horas, cuando iba por el km19 de los 32 que tiene el cruce. La temperatura del mar cambió totalmente, sentí de inmediato la diferencia en unos cuantos metros, y en efecto, el termómetro dentro del agua, registró una baja a 16ºC pero la sensación térmica era más baja aún, de 14ºC.



Cumpliendo casi las 10 horas, el viento por fin se calmó pero el mar no. El sol hizo su aparición pero creo que fue peor, como cuando amanece en invierno y el deshielo provoca más frío en el ambiente, así comenzó mi infierno en el mar y se convirtió en el nado más difícil de mi vida. A cada brazada que daba, los dedos de las manos se me empezaban a dormir y por más que los movía no lograba producir calor. Ahí tuve mi primera crisis, por lo menos, Claudia ya tenía unas horas despierta y era un apoyo más.

En mi parada a comer nuevamente me pasan mi agua milagrosa que contiene avena, arroz y miel, le di un trago muy leve y me dispuse a darle una buena mordida a un roll de canela, sin embargo, no pude tragarlo, tuve mucho asco y supe que las cosas ya no estaban bien, pero seguí nadando, me daba cuenta que sin poder comer lo necesario, pronto el desgaste sería mucho mayor... por otra parte el frío seguía siendo muy intenso, cada vez perdía más la sensación en manos y pies, intentaba en vano mover dedos para calentarlos. Fueron 30 minutos terribles, el cuerpo me puso a prueba, y mi mente no lograba sobreponerse.

Cuando me llegó de nuevo la hora de comer, me fue imposible tomar bocado, y llegó mi segunda crisis, más fuerte que la primera, le grité a Patty -tengo un chingo de frío-, la escuche decirme -sigue nadando, mueve los dedos y patalea más- (que respuesta tan fría, yo esperaba un poco de apapacho)

Yo sentía que YA NO PODÍA, solo pensaba en la locura que estaba haciendo no entendía porqué había decidido hacer el cruce, qué necesidad de estar ahí... pero una vez más pude dominarme y pensar que solo tenía que seguir nadando.

Pasaron otros 30 minutos, perdía velocidad, el frío era imposible, empecé a nadar golpeando el agua con las palmas de las manos, con la esperanza de que los golpes hicieran reaccionar a mis dedos y sentía que no podía patalear. Llegó entonces mi tercera crisis. Me detuve y le grité nuevamente a Patty -YA NO PUEDO MÁS! no aguanto el frío y ya me quiero salir-, ella solo contestó (a gritos también) -SÍGUELA! no pasa nada (me di cuenta que si hubiera podido, me hubiera dado de cachetadas para que reaccionara, jajaja).

Escuché a lo lejos a mi hermano, que por más que se quería hace el fuerte su voz lo traicionaba y me decía en tono paternal - krnal, síguele ya estamos aquí, no te rajes chíngale! y acompañaba sus palabras del famoso chiflido que mi padre hacía antes de competir en la alberca. También escuchaba los gritos de mi novia Claudia diciéndome con voz alta -Te amo! Síguele! No pares! Eres un chingón!-, luego supe que Patty los aleccionó para que no me hablaran "bonito" (en esos momentos, las palabras dulces no sirven)

La crisis mental no cedía, yo estaba igual. Patty intuía que algo físico también iba mal, me preguntó que si había orinado y yo le dije que no, que ya llevaba un rato sin poder orinar, supe después que fue un momento decisivo. Mi querida coach entendió rápidamente que debía cambiarme la comida totalmente para lograr recuperarme. Pidió a Claudia vigilarme y asegurarse que no fuera a desertar, mientras ella preparaba los cambios. Mi cuerpo ya estaba entrando en un choque de frío, se esparcía y temía que llegara al pecho, pero yo seguía nadando, pero ya sin saber cómo lo estaba haciendo, los dedos totalmente doblados como si me estuviera dando artritis y los pies fríos sin poder patalear. El mar seguía a la misma temperatura y las olas muy altas, lo único que se me ocurrió fue ponerme en posición de nado de dorso y sacar los dedos de los pies y de las manos para ver si se me calentaban un poco, no sucedió. Fue hasta que llegó mi siguiente comida, Dan se acercó un poco, evitando que yo tocara el kayac en mi desesperación y quedara descalificado, me aventó un termo, entendí que era algo nuevo, era un té muy caliente, dicen que hirviendo, pero no lo sentí así, di un buen trago y también me enjuague las manos con él, con ello, logré que se calentaran un poco. Di otro trago, Dan me pidió que lo tomara sin apresurarme hice caso... dos tragos largos más y quise continuar nadando. Pero Dan no me lo permitió, me preguntó si había podido orinar, aún no... así que informó de esto a Patty y a David, quien puso un ultimátum "Si Francisco no orina en su siguiente parada a comer, tendremos que sacarlo del agua, por seguridad, ya que representa un riesgo serio de salud".

Así que me lanzaron otra botellita de agua hirviendo, yo me quise echar encima de la cara, Dan me detuvo diciendo -No güey! Tómatela-. La bebí y puedo decir que es el agua más caliente que he tomado, pero fresca a la vez (¿?). Al tomarla me sentí muy bien, empecé a nadar de nuevo... 5 minutos después, ya estaba orinando (...) Les comuniqué la buena nueva a todos y escuché gritos de felicidad, tanto en los kayac como en la embarcación.

Una nueva fuerza se apoderó de mí y supe que podía seguir, nadé como si fueran los primeros kilómetros, mi cuerpo respondía, el frío estaba pasando y volví a patalear. Recuperaba mi ritmo habitual y las dos horas previas de crisis habían pasado.

Iba a terminar con fuerza mi cruce, solo escuchaba gritos de júbilo, después me enteré que mis 3 acompañantes también habían llorado, gritado y sonreído durante esas dos horas, todo después de ahí era perfecto, buen ritmo de nado, comiendo cada 30 minutos, aunque puros líquidos calientes.

Ya no entré en crisis, pero aún me faltaba una última pelea que ganar... Alain me hace señales con la mano y me indica que solo faltan 5... y pienso -5km para terminar, wow, eso es todo, poco más de una hora esto se acaba-, Pero sorpresa, la señal se refería a 5 millas náuticas (1 milla náutica = 1852 metros), así que serían poco más de 9km.

Yo, sin haber entendido esto, intenté cerrar mis últimos kilómetros con fuerza, y no siquiera cerca mi meta. Cuando supe que en realidad aún me quedaban 4km más, volví a mentalizarme y seguí nadando, si había llegado hasta ese punto, no era momento de lamentarse por un poco más.

Faltando 2km para llegar a Palo Verde, la temperatura volvió a bajar (previamente había subido a poco más de 17ºC), ahora, el termómetro marcaba 14ºC y las corrientes internas se sentían cada vez más frías, el sol ya pegaba fuerte, y por lo tanto el agua se sentía más fría, debido a la temperatura externa, para entonces ya me acompañaban mis dos kayakistas ellos iban como de fiesta diciendo -pinche francisco ya lo lograste!- pero yo ya no traía brazos, estaba muy agotado. Faltando solo 500 metros para llegar a la orilla mis brazos dijeron ¡no más! Recé un Padre Nuestro y pidiéndoles a mi hermano y a mi padre (que con Dios estén +) que me ayudaran con las últimas brazadas, que no podría sin ellos. Creo de verdad que me dieron la fuerza que me faltaba para llegar a la orilla del tan esperado Palo Verde, CA.

Salí gateando y espere un par de segundos para ponerme de pie y caminar, porque el nado se termina cuando hasta que sales totalmente del mar. Entonces, escuché la corneta del Pacific Star y los gritos de mi gente diciendo -¡Paco lo lograste, terminaste!- Caí de espaldas y empecé a llorar de emoción, de dolor y ya no se de qué…

Dan y Alain fueron hacia mí, me preguntaron qué piedra quería llevarme ya que la tradición en cada cruces de los 7 mares indica que debes llevarte una piedra del lugar al que llegas, como símbolo de haber logrado tu objetivo. Quise una pequeña, sentía que no tendría fuerzas para sostener ni siquiera una piedra mediana. Escuché de nuevo su expresión -¡pinche paco lo lograste!



Debía nadar de nuevo 400 metros hacia la embarcación, decidí sostenerme ahora sí del kayac para llegar. La emoción de llegar a la embarcación y que me abrazara mi novia, mi hermano y mi coach fue lo más increíble que he sentido y soltamos el llanto de felicidad ahí me di cuenta que la familia y los amigos aunque no estén en ese momento pero que están en corazón y pensamiento son lo más importante para lograr nuestras metas, gracias a cada uno de ellos por sus buenas vibras, sus buenos deseos pero sobre todo por su amistad incondicional.

Yo seguía temblando de frío, mi novia y mi hermano me estaban bañando con una regadera de agua hirviendo y mi coach me daba la primer sopa "maruchan" de varias que llevaba en mano y debía comer para calentar el cuerpo... Al final no quedaba nada de las crisis, del cansancio y el frío. Todo eran sonrisas y felicitaciones ¡el cruce se había logrado!

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2 Comments


Felicitaciones Paco, imposible no emocionarse con tu relato! Gracias por compartirlo! Te abrazo y envío mis mejores deseos para toda Tu vida!

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Me encanto, lloré...felicidades!!

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